La Tortuga
Nuevamente cedo la palabra a un animal, en este caso la tortuga, símbolo de la lentitud. Debo confesar que siento simpatía por dicho bicho, tal vez porque uno de mis defectos más imperdonables sea la lentitud. Ya sé que socialmente, lo que cuenta es decir algo antes que nadie, poco importa que sea brillante, interesante o simplemente correcto. Y que cuando alguien piensa antes de hablar, probablemente sea porque está inventando una mentira. Ya sé que muchos piensan así, pero uno hace lo que puede. Así que casi es mejor que no diga más, y ceda la palabra.
TORTUGA
Ya supongo que no tienen ustedes tiempo, así que no los entretendré mucho. Tendrán que dispensarme, porque sé que tengo tendencia a ser prolija y extenderme demasiado en los temas, pero ya procuraré resumir y ser casi telegráfica para que me comprendan bien.
Creo que la gran diferencia entre ustedes y yo es, como sucede a menudo, de punto de vista. Y posiblemente, la diferencia de enfoque sea la única diferencia real que hay en este mundo; todas las demás son accidentales. Yo a ustedes les parezco lenta, y ustedes a mí me parecen meteóricos. Pero sigue siendo una cuestión de apreciación. Yo pienso en el tiempo, y ustedes en la velocidad. Son cosas que se parecen, pero que no son lo mismo. Yo respeto que pueda haber otros puntos de vista, faltaría más, pero déjenme decirles que desde mi postura se ven algunos detalles que a lo mejor se les han escapado.
Por ejemplo: suelen ustedes decir que no tienen tiempo, y no se dan cuenta de que en realidad, no tienen nada más que tiempo, que el tiempo es su única posesión, su única realidad, el capital de su vida. Un tiempo contado y limitado, es verdad, pero el tiempo, el dinero y la inteligencia se parecen en una cosa: no importa cuánto tengas, lo que importa es cómo lo utilizas.
Y me temo que por no saber eso, no saben gastar bien su tiempo, no saben invertirlo. El tiempo es para consumirlo, claro, pero con tino y sensatez. Y ustedes, demasiado a menudo, lo escatiman o lo derrochan. Dedican una cantidad increíble de horas a tonterías, principalmente a ahorrase unos minutos, y demasiado poco a comprender. ¿Saben? Harían falta meses para llegar a entender un solo pétalo de una sola rosa, y cada rosa tiene muchos pétalos, y hay millones de rosas. Pero eso ustedes ya lo saben. Y como es evidente que no van a poder llegar al final del camino, ni siquiera dan el primer paso.
Claro, es una decisión libre, y no habría nada que decir, si no fuera porque también tienen ustedes memoria, que es el nombre que le dan a los réditos del tiempo consumido. No sé si lo he dicho aún, pero el tiempo, aunque no se lo crean, es de por sí una materia noble; el tiempo ya pasado, si han sabido invertirlo, es mérito. Y el tiempo por venir está hecho de esperanza. Y aún se creen ustedes, a veces, que el tiempo es su enemigo.
Sí, ya sé, a medida que "pasa el tiempo", qué expresión tan curiosa que usan ustedes, como si el tiempo no tuviera nada que ver con su vida. Decía que a medida que pasa el tiempo, aparece lo que ustedes llaman decadencia, y que en el fondo no es más que pérdida de velocidad. Se sienten cansados, y ya no pueden correr tanto, y les parece que su tiempo vale cada vez menos. Pero eso es mentira. Les queda menos cantidad de tiempo, eso es verdad, pero la última hora de todas vale tanto como la primera, o puede que más, porque se supone que habrán aprendido a gastarla.
Han optado ustedes por la velocidad, y esa vuelve a ser una decisión libre, o al menos, eso espero. Y eso les ha permitido dominar el espacio, y hacer muchas cosas. Lo que no tengo claro, y creo que ustedes tampoco, es si ha valido la pena. Han conseguido estar en muchos sitios, pero ¿han visto algo en ellos? ¿Han entendido algo? Uno puede recorrer medio mundo sin toparse jamás consigo mismo, y ya no digamos con un amigo. Y de la cantidad increíble de cosas que han llegado a hacer, ¿cuántas valían la pena? No se equivoquen, no soy yo el que les está haciendo preguntas inquietantes; tan solo les recuerdo las que ya se han hecho ustedes. Han preferido un tiempo extenso, y a veces, su vida les parece tan atiborrada de naderías como una tienda del "todo a cien". Yo, por mi parte, he preferido un tiempo profundo, y he conseguido otras cosas.
He visto los sutiles cambios de un día al siguiente, que se acumulan para formar el curso del año. He visto cómo cambia la apariencia de las personas, sin que cambie su interior, cómo se hacen viejos siendo aún niños. He visto cómo las mismas mentiras renacen una y otra vez, disfrazadas de ilusiones o de necesidades históricas, y cómo todos vuelven a creérselas, porque no desean más que ser engañados de nuevo, recuperar sus sueños perdidos. He vivido a otro ritmo. Pero lo que no les admito es que me digan que he vivido menos.
Porque aunque hayan viajado mucho, y alguno de ustedes se haya paseado desde el Caribe hasta la Mesopotamia, me temo que saben muy poco de ese continente inexplorado que es su propio corazón. No nos costaría ponernos de acuerdo en juzgar a la gente por lo que es, y no por lo que tiene. ¿Qué preferirán ustedes, haber sabido ganar un millón, o que les hubiera tocado a la lotería? En los dos casos tendrían lo mismo, pero no es lo mismo. Porque en ambos casos podrían perderlo, pero en el primero podrían volver a ganarlo, y eso es algo que se es, no algo que se tiene. Y eso, hablando desde un punto de vista estrictamente material. Pero si damos un paso más, creo que está muy claro que lo que uno hace acaba por influir en lo que uno es. Lo que uno tiene, lo que uno es, lo que uno hace. Esa es la cadena, y todo eso ocurre en un escenario llamado tiempo. Claro que, para saberlo, uno tiene que poder detenerse un ratito, mirar y saber ver.
Bueno, ya veo que tienen prisa, y no los entretengo más. Tan solo les voy a pedir un favor: la próxima vez que estén aburridos y no sepan qué hacer, gástense cinco minutos en ustedes mismos. Nada más. Hasta ahora.
TORTUGA
Ya supongo que no tienen ustedes tiempo, así que no los entretendré mucho. Tendrán que dispensarme, porque sé que tengo tendencia a ser prolija y extenderme demasiado en los temas, pero ya procuraré resumir y ser casi telegráfica para que me comprendan bien.
Creo que la gran diferencia entre ustedes y yo es, como sucede a menudo, de punto de vista. Y posiblemente, la diferencia de enfoque sea la única diferencia real que hay en este mundo; todas las demás son accidentales. Yo a ustedes les parezco lenta, y ustedes a mí me parecen meteóricos. Pero sigue siendo una cuestión de apreciación. Yo pienso en el tiempo, y ustedes en la velocidad. Son cosas que se parecen, pero que no son lo mismo. Yo respeto que pueda haber otros puntos de vista, faltaría más, pero déjenme decirles que desde mi postura se ven algunos detalles que a lo mejor se les han escapado.
Por ejemplo: suelen ustedes decir que no tienen tiempo, y no se dan cuenta de que en realidad, no tienen nada más que tiempo, que el tiempo es su única posesión, su única realidad, el capital de su vida. Un tiempo contado y limitado, es verdad, pero el tiempo, el dinero y la inteligencia se parecen en una cosa: no importa cuánto tengas, lo que importa es cómo lo utilizas.
Y me temo que por no saber eso, no saben gastar bien su tiempo, no saben invertirlo. El tiempo es para consumirlo, claro, pero con tino y sensatez. Y ustedes, demasiado a menudo, lo escatiman o lo derrochan. Dedican una cantidad increíble de horas a tonterías, principalmente a ahorrase unos minutos, y demasiado poco a comprender. ¿Saben? Harían falta meses para llegar a entender un solo pétalo de una sola rosa, y cada rosa tiene muchos pétalos, y hay millones de rosas. Pero eso ustedes ya lo saben. Y como es evidente que no van a poder llegar al final del camino, ni siquiera dan el primer paso.
Claro, es una decisión libre, y no habría nada que decir, si no fuera porque también tienen ustedes memoria, que es el nombre que le dan a los réditos del tiempo consumido. No sé si lo he dicho aún, pero el tiempo, aunque no se lo crean, es de por sí una materia noble; el tiempo ya pasado, si han sabido invertirlo, es mérito. Y el tiempo por venir está hecho de esperanza. Y aún se creen ustedes, a veces, que el tiempo es su enemigo.
Sí, ya sé, a medida que "pasa el tiempo", qué expresión tan curiosa que usan ustedes, como si el tiempo no tuviera nada que ver con su vida. Decía que a medida que pasa el tiempo, aparece lo que ustedes llaman decadencia, y que en el fondo no es más que pérdida de velocidad. Se sienten cansados, y ya no pueden correr tanto, y les parece que su tiempo vale cada vez menos. Pero eso es mentira. Les queda menos cantidad de tiempo, eso es verdad, pero la última hora de todas vale tanto como la primera, o puede que más, porque se supone que habrán aprendido a gastarla.
Han optado ustedes por la velocidad, y esa vuelve a ser una decisión libre, o al menos, eso espero. Y eso les ha permitido dominar el espacio, y hacer muchas cosas. Lo que no tengo claro, y creo que ustedes tampoco, es si ha valido la pena. Han conseguido estar en muchos sitios, pero ¿han visto algo en ellos? ¿Han entendido algo? Uno puede recorrer medio mundo sin toparse jamás consigo mismo, y ya no digamos con un amigo. Y de la cantidad increíble de cosas que han llegado a hacer, ¿cuántas valían la pena? No se equivoquen, no soy yo el que les está haciendo preguntas inquietantes; tan solo les recuerdo las que ya se han hecho ustedes. Han preferido un tiempo extenso, y a veces, su vida les parece tan atiborrada de naderías como una tienda del "todo a cien". Yo, por mi parte, he preferido un tiempo profundo, y he conseguido otras cosas.
He visto los sutiles cambios de un día al siguiente, que se acumulan para formar el curso del año. He visto cómo cambia la apariencia de las personas, sin que cambie su interior, cómo se hacen viejos siendo aún niños. He visto cómo las mismas mentiras renacen una y otra vez, disfrazadas de ilusiones o de necesidades históricas, y cómo todos vuelven a creérselas, porque no desean más que ser engañados de nuevo, recuperar sus sueños perdidos. He vivido a otro ritmo. Pero lo que no les admito es que me digan que he vivido menos.
Porque aunque hayan viajado mucho, y alguno de ustedes se haya paseado desde el Caribe hasta la Mesopotamia, me temo que saben muy poco de ese continente inexplorado que es su propio corazón. No nos costaría ponernos de acuerdo en juzgar a la gente por lo que es, y no por lo que tiene. ¿Qué preferirán ustedes, haber sabido ganar un millón, o que les hubiera tocado a la lotería? En los dos casos tendrían lo mismo, pero no es lo mismo. Porque en ambos casos podrían perderlo, pero en el primero podrían volver a ganarlo, y eso es algo que se es, no algo que se tiene. Y eso, hablando desde un punto de vista estrictamente material. Pero si damos un paso más, creo que está muy claro que lo que uno hace acaba por influir en lo que uno es. Lo que uno tiene, lo que uno es, lo que uno hace. Esa es la cadena, y todo eso ocurre en un escenario llamado tiempo. Claro que, para saberlo, uno tiene que poder detenerse un ratito, mirar y saber ver.
Bueno, ya veo que tienen prisa, y no los entretengo más. Tan solo les voy a pedir un favor: la próxima vez que estén aburridos y no sepan qué hacer, gástense cinco minutos en ustedes mismos. Nada más. Hasta ahora.


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